La fitoterapia es un continuo estudio de cómo utilizar las plantas con propiedades medicinales y sus derivados con finalidad terapéutica, ya sea para prevenir, para aliviar o para curar enfermedades. Este término lo acuño el médico francés Henri Leclerc a principios del S.XX.

En épocas pasadas y durante mucho tiempo las plantas y los remedios naturales han sido casi el único recurso del que disponían los médicos. Esto hizo que cada vez profundizaran más en ellos estudiando las especies y los productos que de ellas se extraían.

La fitoterapia nunca ha dejado de tener vigencia, desde los antiguos egipcios y Mesopotamia hasta la famosa farmacopea medieval se fueron extendiendo poco a poco, encontrando el máximo exponente en las medicinas tradicionales china e hindú.  Desde sus inicios se han elaborado y utilizado productos de origen vegetal que presentan una importante característica, el amplio margen terapéutico con un impacto suave y poco agresivo, lo cual hace que exista un bajo porcentaje de efectos secundarios (manzanilla, árnica, espino blanco).

Fue a partir del siglo XIX cuando empiezan a aislarse los primeros principios activos de las plantas y la síntesis sistemática de moléculas relegó a la fitoterapia a un segundo plano. Las técnicas analíticas y de laboratorio permitieron conocer los principios activos y aportaron una base científica que explicó por qué algunas plantas eran empleadas tradicionalmente en la curación de enfermedades. Asimismo, la síntesis facilitó la elaboración de fármacos eficaces y la aplicación de dosis precisas.

Sin embargo, en los últimos 25-30 años se ha recuperado la importancia de volver al origen, motivada por una necesidad de recuperar “lo natural”.

La fitoterapia se utiliza para el cuidado de la salud, busca una mejor calidad de vida y está enfocada tanto a la prevención como al tratamiento de las enfermedades. En unos casos podrá curar una patología y en otras ser el complemento de otras medicaciones.

La fitoterapia está enfocada a afecciones leves y moderadas, pero sobre todo en las enfermedades crónicas debido a su mejor tolerancia y bajo impacto ya que el tratamiento se podrá dilatar más en el tiempo, lo que quiere decir que se podría utilizar en el 90% de los tratamientos de atención primaria.

A veces esta filosofía va más allá integrando una concepción más humanista, contemplando las emociones como un síntoma más y buscando cierto equilibrio entre cuerpo y mente para que el organismo se torne balanceado. Las plantas medicinales se caracterizan por aportar al organismo distintos principios activos que al tratarse de moléculas orgánicas se asimilan más fácilmente, si bien es verdad que su acción es más lenta, también será más persistente en el tiempo.

Imagen: postgradomedicina.com