La rúcula pertenece a la familia de las coles (brócoli, col lombarda, coles de Bruselas, etc.) es una planta silvestre muy común conocida en nuestra tierra como “oruga” o “ruqueta”.
Hoy la podemos encontrar en casi cualquier supermercado o tienda de alimentación, pero hace tan solo 25 o 30 años, para poder consumirla había que recurrir a su recolección en estado salvaje. Se tiene constancia de que los romanos ya la cultivaban.
La rúcula es una de las hortalizas mejor consideradas en cuanto al cuidado de la salud en lo que a nuestro organismo se refiere. No es una hortaliza cualquiera, la caraterizan su sabor un tanto amargo y sobre todo los beneficios que nos aporta.
Aunque se puede consumir hervida, lo más recomendable es consumirla limpia y sin cocinar. En nuestra zona la hemos podido ver en ensalada sobre todo pero también en sandwich, bocadillos o incluso incluida en algún tipo de pizza.
En cuanto a sus propiedades, se alaba su gran poder antioxidante y desintoxicante por su alto contenido en ácido fólico y vitamina B.
Por su contenido en vitamina A y unida a los flavonoides, se le incluye en la lucha con distintos tipos de cáncer (páncreas, de mama, de colon, de pulmón y el cáncer de piel).
Por si fuera poco, la rúcula es famosas porque es rica en vitamina K. Esta vitamina previene las enfermedades cardiovasculares y hace que asimilemos el calcio externo y el que ella misma contiene.
También está recomendada en distintas dietas cuando se desea perder peso ya que cuando la comemos nos sacia, pero la cantidad de calorías que consumimos es muy baja. Facilita la digestión y fortalece nuestro sistema inmunitario aportándonos potasio, fósforo y manganeso.
Y a todo esto añadir que la rúcula baja el nivel de colesterol malo y nos ayuda a regular el nivel de azúcar, siendo un alimento perfecto para diabéticos.