Estamos ya en plenas fiestas navideñas, donde las familias se reúnen normalmente alrededor de la mesa para disfrutar de unas tremendas comilonas que harán que nuestra bascula desaparezca “hasta el año que viene”. Son días de repasar vivencias y recuerdos con nuestros seres más queridos, de compartir anécdotas, experiencias nuevas y como no, también regalos.

Pasamos muchas horas pensando qué regalar. Ropa, colonia, juguetes, tecnología… y jamones son los clásicos más recurrentes.

Navidad, esa época del año que esperamos ilusionados y que hace que nos activemos decorando la casa, cocinando y paseando sin fin por las tiendas y centros comerciales.

En cada parte del mundo estas fiestas se celebran de manera distinta, ya que las costumbres de cada lugar se han desarrollado conforme su hábitat. Existe la navidad “blanca” donde no hay ni un solo copo de nieve y los árboles se adornan con algodón y donde sí hace frío y la nieve, la comida contundente y el fuego de la chimenea celebran el nacimiento de Jesús de acuerdo a sus costumbres.

Cada año la familia va cambiando, pero la navidad sigue tal y como la recordamos de pequeños, quizá por esto es que permanece a través de los años. El abeto, el belén, las luces, velas y el resto de adornos crean uno y otro año ese ambiente mágico donde los niños disfrutan más que nadie. Esos niños que crecen y acceden a la paternidad y hacen que todo vuelva a comenzar (aunque de una manera diferente) repitiéndose escenas, pero con distintos protagonistas. Así, de una manera tradicional pero flexible se va perpetuando este ritual.

En distintas encuestas se le preguntó a la gente qué era lo que más le gustaba de esta celebración navideña, ni regalos, ni comida… el hecho de estar juntos.

Navidad, esa festividad que nos vuelve a unir excluyendo rutinas, trabajo, agendas y otras obligaciones. ¡Feliz Navidad a todos!