A lo largo de la historia, la ganadería representaba a cada región destacando por cada zona el aprovechamiento de sus recursos naturales, como por ejemplo largas sequías o escasez de pastos.
La actividad ganadera siempre ha estado vinculada a una industria meramente artesanal realizada por la misma población ganadera y como un recurso más o como complemento. La matanzas de cerdos y otras especies como el cordero y el cabrito constituyen ya de por sí parte de la cultura de cada zona agrícola, creándose tradición y diversas manifestaciones folclóricas convirtiéndose muchas de la veces en festividades.
En épocas más remotas, la necesidad de conservación de la carne en este marco rural hizo que se diera origen a productos como el jamón y los embutidos, éste sería el comienzo de la base donde se fundamenta la actual industria de productos cárnicos.
Sobre los años 60 se produjeron unos cambios notables debido a la aparición de mataderos y otras instalaciones relacionadas. Esto hace que se cree un pequeño mercado por proximidad que será el mercado local y pronto el regional, que cuando las empresas se van asentando y generando beneficios, poco a poco se fueron convirtiendo en empresas meramente industriales dando servicio ya a nivel nacional.
No todos conseguían llevar a cabo este fin, es por esto que el número de empresas ha ido disminuyendo progresivamente, pero las que siguieron caminando, aumentaron su superficie y modernizaron sus instalaciones además de darse mejoras sanitarias en las explotaciones.
En la búsqueda del aumento de la producción es cuando hay una selección de la raza autóctona y una introducción de las razas importadas que beneficiaron la rentabilidad.
La importancia de la ganadería en general en nuestro país está basada en la producción de carne, mayormente de vacunos y porcinos.