En otras épocas se consideraba al jamón como un alimento no del todo beneficioso para nuestro organismo, al igual que el aceite de oliva. Se pensaba que la grasa contenida engordaba y nos aportaba colesterol. Nada más lejos de la realidad.

Son cientos de estudios los que avalan la necesidad de incluir este alimento en nuestro día a día, por eso no es extraño que forme parte ya de la famosa dieta mediterránea, además de estar catalogado como uno de los alimentos más saludables.

Aparte de que sea uno de los ingredientes más versátiles que existe en la comida tradicional de nuestro país, la manera más saludable que existe de ingerirlo es directamente de la pata.

Del jamón ibérico todo son bondades, es más, se recomienda tanto para los más jóvenes como para las personas mayores. Su consumo, aún siendo moderado puede aportarnos hasta un 45% de la ingesta de hierro recomendada. Es también una gran fuente de vitaminas y minerales.

Está considerado como un alimento cardiosaludable. Los ácidos grasos monoinsaturados que contiene contribuirán a la disminución de los niveles de colesterol y por ende a las dolencias ocasionadas por el exceso de éste.
Además del innegable efecto beneficioso relacionado con el colesterol, existen otros factores que hacen al jamón ibérico indispensable. El jamón ibérico nos proporciona proteínas y vitaminas del tipo B ácido fólico, excepcional para el sistema nervioso y el  cerebro. También es rico en vitamina E, un gran antioxidante, y en minerales como el cobre, un aporte esencial para nuestros huesos y cartílagos. Calcio, hierro, zinc, magnesio, fósforo y el tan apreciado selenio ligado directamente a los procesos antienvejecimiento.

Con lo que nos queda solamente centrarnos en disfrutar de todos los aportes que nos brinda el jamón ibérico en nuestra dieta, a la par que cuidamos nuestra salud deleitándonos con su aroma y sabor.