La última raza porcina de pastoreo en Europa, que desciende del jabalí prehistórico Sus Mediterraneus (sus escrofa mediterraneus) y que pobló las orillas del mar Mediterráneo, convierte hoy al cerdo ibérico en una raza diferente, una raza única.

A través de apareamientos y agrupaciones naturales, los cerdos fueron asentándose en zonas en las que predominaban las dehesas con centenarias encinas, alcornocales, robledales, castaños y algarrobos tan apreciados en la actualidad por el cerdo ibérico y sus criadores. Es en los campos de Salamanca, Extremadura y Andalucía occidental, donde el ganadero desempeña su labor dirigiendo al cerdo libremente en sus andares por las montañas como se ha hecho tradicionalmente en la alimentación con bellota.

Como dato curioso y de actualidad, existe una confusión generalizada en el consumidor del jamón que proviene del cerdo ibérico en nombrarlos los patas negras, Jabugo y serrano. Para ello el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España ha reservado la utilización del término pata negra, dehesa y montanera a los jamones que efectivamente provienen del cerdo ibérico, pero que su alimentación está basada de forma natural y libre con bellota, como se realiza en Castro y González.

El cerdo ibérico no solo es un manjar por su carne, sus productos se consideran muy saludables y beneficiosos a nivel nutricional por ser un alimento rico en proteínas, vitaminas, minerales y ácido oleico (tipo de grasa monoinsaturada típica de algunos aceites vegetales), este último alcanza un 38% en su grasa que provoca efectos beneficiosos a la salud cardiovascular y hepática, aumentando el llamado colesterol bueno (HDL) y reduciendo el colesterol malo (LDL) en sangre.

Sin lugar a dudas el cerdo ibérico es una de las mayores y mejores Marcas de España.