Hemos recibido muchas consultas acerca de la conservación de los embutidos Castro y González. Como sabes, el calor, el frío y el nivel de humedad pueden afectar a las propiedades organolépticas del producto significativamente. Cada embutido Castro y González es el resultado de un cuidado minucioso en cada parte del proceso y de un saber hacer que se traslada de generación en generación. Para que el aroma, sabor y textura de ese embutido Castro y González que acabas de comprar se preserve hasta el último bocado, te acercamos las recomendaciones de una familia que se dedica hace más de 100 años a elaborar los mejores productos Ibéricos de Bellota. ¡Disfruta de un increíble bouquet hasta el último bocado!

Consejos para potenciar la experiencia Castro y González                                                                                                                            

Si acabas de recibir tu pedido Castro y González y decides guardarlo para una ocasión especial, el sitio ideal para almacenarlo es la nevera. Al momento de la degustación, retira el embutido y déjalo reposar durante 30 minutos a temperatura ambiente. Ten en cuenta que la temperatura óptima de consumo es entre 23° y 25°. Pasado ese tiempo, quita al producto de la bolsa de vacío y córtalo a gusto.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la forma en la que decidas cortar el embutido influye en su degustación. ¡Prueba cortándolos en finas lonchas y en taquitos para ver la diferencia! En el caso del Salchichón “Natural” Castro y González, por ejemplo, recomendamos que se corte en tacos. De esta manera nos aseguramos de que los aromas y sabores exploten en el paladar con mayor intensidad.

Si después de haber disfrutado de un momento Castro y González tienes la suerte de que te sobre un poco de embutido, no lo vuelvas a colocar en su envuelta. Primero, cubre la zona que haya quedado descubierta con papel film. Luego, colócalo sobre un plato, dentro de una fresquera o tupper y llévalo a la nevera.

¡Mi pieza se cubrió de moho! ¿Qué hago?

El hecho de que se haya cubierto de moho no significa que el producto se haya echado a perder. De hecho, forma parte del proceso natural de curación. Lo que si debes procurar es retirarlo antes de la degustación. Puedes usar un paño (que no suelte pelo) empapado en aceite de girasol para frotar la superficie afectada, hasta eliminar el moho por completo. Déjalo reposar unos días a temperatura ambiente, ¡y listo! Otra opción que puedes poner en práctica es darle unas pinceladas con manteca de cerdo, tal como hacemos con nuestros jamones.

¿Qué te parecen estas recomendaciones? ¡Ya estás listo para vivir la experiencia Castro y González!