Desde hace años se observa una proliferación de las enfermedades de la piel. Una de las cosas para que esto ocurra puede ser no disfrutar del tiempo libre en el exterior, pero más tarde hacer exposiciones prolongadas directas al sol.

El hábito de las largas exposiciones al sol sin protección hace que se destruya el sistema de defensa inmunológica de la piel. La causa son los radicales libres, los cuales pueden anular la función de las células corporales, modificar su estructura o dañar los ácidos grasos de las paredes celulares.

Cada día las células deben soportar los continuos ataques de estos radicales, para superarlos, el cuerpo dispone de un sistema protector de encimas antioxidantes.

Los antioxidantes como la beta-carotina refuerzan la protección celular. Capturan a estos radicales y los enlazan antes de que puedan llegar al núcleo de la célula.

La beta-carotina es una pro-vitamina (fase previa a la vitamina A). En caso de falta de esta vitamina el cuerpo es capaz de regular, convertir y transformarla en vitamina A.

La beta-carotina es una sustancia muy extendida en la naturaleza, se encuentra en las verduras amarillas y verdes, la zanahoria y como claro ejemplo las espinacas.

En muchos casos su aporte diario no es suficiente y hay que acudir a tomar una dosis adicional.

Por esto se hace hincapié en que cuando se realicen exposiciones prolongadas al sol, siempre hay que acudir a los protectores solares con un factor solar alto. Especialmente en casos de pieles sensibles, es más que recomendable comenzar las vacaciones tomando con seis semanas de anterioridad este aporte que normalmente se ofrece en cápsulas. No solo hay que pensar en quienes veranean en la playa, también los aficionados a los paseos por la montaña sufren esta exposición. Eso sí, una de las ventajas al tomar beta-carotenos es que, como agradable efecto secundario, nos broncearemos más rápidamente.