Lo que para una gran mayoría es la vuelta a la rutina, en Castro y González es el inicio de uno de los periodos del año más intensos.

En un mes  aproximadamente, cuando septiembre esté llegando a su fin, la familia Castro y González iniciará una intensa actividad con sus ejemplares pastando en las dehesas y para engorden y disfruten de la naturaleza.

Durante los meses que van desde octubre a febrero, los  ejemplares pasan de unos 115 kilos a alcanzar más de 170. Y todo gracias a la alimentación con bellotas.

Y, ¿qué sabemos de encinas y bellotas?

Las bellotas de las que se alimentan los cerdos ibéricos de Castro y González provienen de encinas, alcornoques y quejigos.

La fuente principal son las encinas, un árbol de talla media y baja, que puede alcanzar entre 16 y 25 metros de altura, pero que sobre todo puede perdurar incluso durante siglos.

Es el caso de la encina de Tejeda, árbol monumental que se encuentra en la Finca de Tejeda, propiedad de Castro y González y que tiene más de 600 años de   historia. Este ejemplar está catalogado por la Junta de Castilla y León, como un árbol singular.  

Estas encinas tienen hojas perennes, duras y coriáceas, lo que evita que la planta transpire demasiado y gracias a eso pueden desarrollarse en lugares secos con gran exposición al sol como los países mediterráneos.

Actualmente, se estima que en España, 2 millones de hectáreas están ocupadas por encinas y alcornoques con calidad y estructura suficiente para ser utilizadas en la montanera. En las zonas aptas para este periodo de tiempo, la densidad de árboles está entre 10 y 40  ejemplares por hectárea con una producción anual de entre 10 y 15 kilogramos por árbol al año.

Estas bellotas maduran y caen al suelo entre mediados de octubre y finales de enero y es el momento en el que Castro y González aprovecha para la alimentación natural de todas sus piaras.

Así que, la tarea de elaborar el jamón ibérico de bellota comienza, precisamente ahora, cuando se está preparando el terreno para que las encinas ofrezcan todos sus frutos, que caigan al suelo, y  los animales dispongan y se alimenten libres por las tierras de Salamanca, Sevilla y Badajoz. En cuatro años, esos mismos ejemplares serán los que se conviertan en la añada de 2017 y podamos disfrutar de su sabor.