¿Sabes cómo es un día en la vida de cualquiera de nuestros ejemplares ibéricos mientras dura la montanera? Pues se resume en muy pocas palabras: bellotas, libertad y relax.  Pero si hablamos de su alimentación, hay que hacer notar que no se limita solo a las bellotas, sino que incorpora pastos, raíces, setas… y mucho más.

El tesoro ibérico

Durante la larga estación de la montanera, nuestros animales corren libres por la dehesa, se mueven en el terreno que se les va asignando de nuestras más de 1.000 hectáreas y disfrutan de todos los alimentos que encuentran en el mismo y que son capaces de estimular su paladar. Ellos aman, por encima de todo, las bellotas de encinas, robles y alcornoques, por lo que esa es su fuente primordial de alimentación. Pero, con la riqueza de nuestra tierra a sus pies y su instinto salvaje corriendo libre, estos ejemplares completan su dieta con otros muchos elementos.  

Omnívoros y exquisitos

En nuestras grandes dehesas, además de encontrar una cantidad casi ilimitada de bellotas, nuestros ejemplares pueden disfrutar de otras delicias. No podemos olvidar que hablamos de animales con un gusto exquisito, que solo se llevan a la boca aquello que perciben como un bocado fuera de serie. Y ¿qué consideran ellos algo apetecible? Pues un buen número de especies vegetales, sobre todo pastos y gramíneas silvestres que pasan a formar parte importante de su alimentación. Y, por supuesto, las setas, las mismas que comienzan a crecer en otoño y que son muy codiciadas por estos animales junto con raíces, bulbos y brotes. Es preciso recordar que estos animales aún conservan el instinto salvaje de sus antepasados y cuentan con un olfato extraordinario que les permite detectar bulbos, raíces y brotes de hierbas que se encuentran enterradas hasta un metro bajo tierra.  

Además, estamos hablando de animales omnívoros, por lo que también pueden devorar los insectos que se cruzan por su camino, como mosquitos y gusanos. Incluso son capaces de comer otros animales pequeños como reptiles y anfibios.  

Sin duda, la dehesa en montanera es el ecosistema ideal para que nuestros animales desarrollen todo su potencial. En esta temporada es cuando el ganado engorda, facilitando la infiltración de grasa en el músculo. Pero también se mueve intensamente, haciendo realidad una carne de gran calidad. En Castro y González sabemos que solo así es posible que todos esos aromas de hierba y bellota, de cereal y raíces, acaben estando presentes en nuestro producto final.