El vermut, considerado por muchos como el sabor vintage, está de vuelta, es ya el protagonista de muchas reuniones sociales.

Esta bebida alcohólica se ha tomado desde antaño para abrir el apetito a la hora sobre todo del aperitivo, tanto es así que la palabra vermut toma también la acepción del momento del aperitivo.

El también llamado vermú o vermouth es un licor elaborado a partir de vino blanco y ajenjo que se macera en variadas mezclas de hierbas básicamente y también raíces, especias y cáscaras. Los tonos rojizos se consiguen añadiéndole caramelo. Su graduación alcohólica abarca una horquilla de entre 15 y 19 grados.

Su origen parece que data desde finales del siglo V donde el célebre médico y filósofo Hipócrates puso a macerar ajenjo y díctamo, y obtuvo lo que se llamó el vino hipocrático.

A finales del siglo XVIII Antonio y Benedetto Carpano le dieron una imagen más de la época personalizando su sabor, y un poco más tarde Luigi y Giuseppe Cora consiguieron industrializarlo.

El vermut no siempre es igual, hoy día cada fabricante tiene su propia fórmula que en algunos casos es secreta, por lo que cada marca puede distinguirse por su sabor.

Los más consumidos sin duda son el rojo que se muestra con matices y pinceladas dulces y el blanco con un fondo declaradamente amargo. Después siguen el vermut seco, que normalmente se utiliza para elaborar cócteles y el último de la lista, pero solo por orden de aparición, el vermut rosado, el cual va ganando cada día más seguidores.

El vermut tradicionalmente se toma solo, con hielo picado o soda y se ha de servir muy frío.

El vermut siempre ha sido una de las bebidas acompañante de tapas, igual casa bien con unos encurtidos que con el jamón ibérico de bellota, el cual le aporta un contraste de sabores entre dulces y amargos. Es una experiencia recomendable a conocer, sentir y descubrir esta nueva fusión de sabores.