Se cuenta que en la época de la invasión romana un pastor fatigado de ordeñar y acalorado, buscó un sitio donde poder descansar. El pastor encontró una cueva donde hacerlo y con una temperatura agradable. Dejo allí su barreño con la leche y ya recuperado quiso explorar la cueva, pero se perdió al pasear por distintas galerías. No pudo encontrar la vuelta y tampoco su leche pero dió con otra salida para regresar a su casa.

Tiempo después quiso volver a la cueva y vio que estaba la leche fermentada y había cuajado convertida en queso, y al probarlo se dio cuenta de que ese sabor era nuevo para él. Había nacido el queso Roquefort.

Este queso con denominación de origen, tiene ciertas propiedades características de la zona donde se recolecta como lo son las fuerte variaciones de temperatura . También es importante la raza de oveja con la que se elabora la leche llamada Laucane, las hierbas del lugar que le dan ese carácter tan peculiar.

Parece ser que este queso se hizo famoso cuando un cronista llamado Eginhard, historiador de la corte de Carlos I (Carlomagno), narra cuando el emperador se detiene en la casa de un obispo y al ser viernes, día de abstinencia de carne y no tener pescado, le ofreció este queso. El emperador quitaba la parte enmohecida y el anfitrión le animó a que lo probara con el moho. Le gustó tanto que hizo que le enviase dos cajas al año del preciado queso a su palacio de Aix-la- chapelle.

En el Siglo de las Luces, Diderot (1713-1784), proclama el queso de Roquefort como el rey de los quesos y en el siglo XIX se le concede carta de embajador en Estados Unidos junto con el champagne.

Con una manera similar de elaboración existe en España el queso de Cabrales, también de parecida antigüedad que hasta hace poco no se promocionó y que también cuenta con su propia denominación de origen. Hay distintas recetas de queso Roquefort y Cabrales que con jamón ibérico Castro y González son intensas y deliciosas.