Nuestro cuerpo está diseñado para el movimiento evolutivo. Cuando nacemos, nuestro organismo está completamente desarrollado, formado en su totalidad para el crecimiento físico, mental y social.

Es casi una fiesta cuando nuestros hijos aprenden a caminar, correr, hablar y apenas se están quietos. Si recurrimos al recuerdo de cuando éramos niños o jóvenes, etapa en que por naturaleza somos más activos, disfrutamos de cómo nos lo pasábamos haciendo alguna actividad, casi siempre relacionada con un juego, un paseo o unas vacaciones, pero con un denominador común, el movimiento. ¿Por qué entonces cuando somos adultos hay tendencia a la inactividad física, al sedentarismo, a veces a extremos que llega a ser muy perjudicial para nuestra salud?

Al cabo de los años nos vamos refugiando en el agotamiento físico que puede generar una larga jornada de trabajo laboral o doméstico, sin dar prioridad ni importancia a la actividad física, prefiriendo generalmente el ocio. Justificamos el no hacer ejercicios por no tener cerca un gimnasio o no poder pagarlo, el no tener ropa adecuada para salir a correr o el acompañante para andar y hasta decimos que por la falta de tiempo.

Estudios de investigaciones científicas realizados por la OMS (Organización Mundial de la Salud), confirman que el sedentarismo es el cuarto factor de riesgo de mortalidad mundial y que al menos un 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud. Además, se ha demostrado que la actividad física desempeña una importante función en la reducción de la incidencia de determinados cánceres, como son los de mama y los de colon, así como otras enfermedades no transmisibles tales como las cardiovasculares y la diabetes.

Con sólo 30 minutos de actividad física al día, durante 5 días a la semana, da para mejorar y mantener nuestra salud. No estamos obligados a concentrar el tiempo en una sola vez, puede desglosarse en 10, 15 ó 20 minutos, incluso utilizando como recurso nuestro propio quehacer de cada día, siempre y cuando sea sustituida la intensidad. Por ejemplo, en vez de subir por el ascensor utiliza las escaleras, cuando viajes en autobús o metro, bájate una parada antes de la que te corresponde y el resto del trayecto hazlo a pie o en el mejor de los casos, sustituye el transporte público o el coche por la bicicleta. Pero sin duda alguna, la actividad física más recomendada y practicada es caminar, que totalmente gratuita se puede realizar por los parques, los paseos marítimos u otras zonas peatonales de nuestro barrio, donde además los niños pueden correr o jugar.

Por último, si prefirieras quedarte en casa por la pereza de tener que salir, sencillamente conecta el equipo de música o la radio ¡y a bailar en tu salón!, aún cuando tengas la escoba en la mano.