Pasa muchas veces que a la hora de sentarte para una comida o una cena llega la hora de pedir el vino y con ello el gran dilema ¿Rioja o Ribera?. Da igual la bodega, si reserva, si crianza, aun así la decisión es difícil de tomar, es como hablar de política o de denominaciones de origen del jamón. Desde luego al que le gusta uno de ellos es difícil hacerle cambiar de opinión.

Partimos de la base que el tipo de uva predominante en ambas zonas es la Tempranillo (tinta del país o tinta fina) y el tipo de cultivo es prácticamente el mismo.

Los expertos/as en enología defienden que es una comparativa un tanto complicada debido a que cada año el clima y la tierra afectan al sabor de estos vinos. Aunque generalizando a un nivel más asequible para los no tan entendidos y resumiendo, los caldos de la Rioja son “profundos y elegantes” y los Ribera del Duero tienen “fuerza y son muy aromáticos”
Existen dos factores clave para ello. El clima de la rioja es más suave y permite a la uva desarrollarse con cierta linealidad y los Ribera, con un clima más extremo (sobre todo por las heladas), reciben carga comprimida de aroma lo que los hace muy potentes.

Por otra parte los entendidos opinan que los viñedos riojanos son más viejos y aportan fondo y que los Ribera tienen más productividad y cuerpo.

Se podría decir en términos musicales que los Ribera del Duero serían comparables al rock por su contundencia y los riojas más jazzeros por su profundidad.

Supongo que también se habrá observado que una vez en la mesa, sea cual sea de los dos, si el vino está a la misma altura en cuanto a calidad se refiere, aquí no ha pasado nada, se disfrutan igual cada uno de ellos ya que los dos tipos de vino están riquísimos.