El estrés en la actualidad está considerado como un desequilibrio entre las demandas externas y los recursos disponibles de cada sujeto. En un principio se investigó llegando a la conclusión de que había tres fases. Una primera de alarma, si ésta se dilataba entrabas en la fase de resistencia y cuando la demanda superaba a los recursos durante un periodo de tiempo más largo se llegaba al agotamiento. Esta situación que desborda la capacidad de control y que produce consecuencias negativas se le llama distrés para distinguirlo del estrés positivo que es el que te ayuda dinámicamente para que puedas solucionar problemas (laborales por ejemplo).

Estas situaciones negativas normalmente si se prolongan o repiten en el tiempo, desencadenan reacciones desagradables como la ira, la depresión y la ansiedad. Esta última es la que se caracteriza por la exagerada activación fisiológica y produce problemas de salud que nos incapacita. Estos síntomas pueden ser de origen físico como taquicardias, mareos, temblores musculares, dificultad para respirar, sudoración, dolor abdominal, punzadas y cansancio; o de origen no físico como pueden ser la angustia, miedo, falta de concentración, inseguridad, huida o evitación, obsesión, irritabilidad, agobio o tristeza.

La función primera de la ansiedad es movilizar al organismo y mantenerlo alerta y dispuesto para intervenir frente a los riesgos y amenazas ayudándonos a tomar medidas inmediatas, bien sea huir, correr, atacar, adaptarse, etc. Esta es la ansiedad “buena”. Las causas más comunes a sufrir alguno de estos trastornos son las preocupaciones exageradas y reiteradas, además de la dificultad para adaptarnos a los cambios en nuestra vida personal o profesional.

Químicamente esto se reduce a que cuando estas preocupado, nervioso, alterado, o con miedo, consumes y provocas un déficit de un neurotransmisor llamado serotonina que el cuerpo crea a partir del triptófano, un aminoácido que se encuentra en las proteínas que ingerimos y que una vez en nuestro organismo, se convierte en 5-HTP.

Sin embargo, para sintetizar serotonina, el cuerpo necesita además de triptófano, ácidos grasos omega 3, magnesio, zinc y vitamina B6 (piridoxina) presentes en la carne del jamón ibérico de bellota. Tanto el triptófano como el 5-HTP pueden comprarse en cualquier herbolario. Además un poco de deporte y tomar el sol hacen que la serotonina sea estimulada.

Aparte de los suplementos antes citados, las soluciones recomendadas para “curar” la ansiedad son los ejercicios de relajación, los ejercicios de respiración y los ejercicios de meditación. Pero aún es más recomendable valorar positivamente nuestras acciones, tener alta el autoestima y solucionar los problemas que nos hacen estar así, es decir, reducir el estrés diario y procurarse un descanso de calidad. Todo ello poco a poco, sin prisa, pero sin pausa.

Estos son consejos generalizados y muy resumidos. Para personas diagnosticadas, es primordial la consulta al médico y/o psicólogo/psiquiatra.