La miel es considerada, junto a las frutas maduras, como el endulzante más antiguo que existe. En cuevas rupestres se encontraron restos que muestran cómo los hombres recogían miel de los panales, incluso antes de que se asentaran dando paso a la agricultura. Las pinturas que muestran este hallazgo se encuentran en la cueva de la araña en la zona de Valencia y datan del año 7000 A.C. También existen grabados en una tumba egipcia con más de 5,500 años.

La miel ha sido considerada como un alimento muy importante en todas las civilizaciones, especialmente en Europa y se le bautizó como el edulcorante del pueblo, hasta que Andreas Margaf consiguió en 1747 aislar el azúcar de la remolacha. En la actualidad el azúcar refinado ha sustituido casi en totalidad a la miel, aunque sea menos recomendable.

La miel está considerada como una medicina natural y durante mucho tiempo se le conocía por ser un alimento milagroso, ya que proporciona energía, regula el tracto intestinal, previene y trata las enfermedades respiratorias, sirve de relajante y tranquilizante, previene las enfermedades bacterianas, es cicatrizante natural y bálsamo para las quemaduras y algunas heridas, entre otras virtudes.

Contiene proteínas , hidratos de carbono, fibra, potasio, fosforo, hierro, sodio, magnesio, manganeso, selenio, zinc, cobre, calcio, vitamina C, E,A B1,B2, B3, B5, B6 Y B9

Además este alimento es adecuado para todo tipo de personas, aunque deben tomarlo con moderación quienes sufren de sobrepeso y los diabéticos.

No debe suministrarse a menores de 18 meses, esto es debido a que los bebes no tienen el estomago suficientemente ácido como para poder eliminar las posibles bacterias de la miel.

Realmente es comprensible que antaño la llamaban, el néctar de los dioses.