Cuando se habla de un jamón de calidad suelen ser las mismas palabras la que nos suelen acompañar durante toda la conversación. Los matices del jamón.
El primero en aparecer suele ser el salado de la pieza, es el que nos indica el paladar en primera instancia. El salado no es bueno cuando es insuficiente y tampoco es agradable cuando lo es por exceso. El equilibrio en este momento,  será la palabra adecuada.

El matiz dulce suele aparecer en los jamones de calidad que han estado en bodega sometidos a una curación prolongada y con un procedimiento artesanal, el aporte de las bellotas da sus frutos y este matiz es de los más valorados.

El matiz que le da la bellota se percibe aún antes de haberlo probado, su aroma es característico y más que agradable.

Para los más entendidos está la búsqueda de otro tipo de matices más complicados de catalogar y que solo se aprecian con el tiempo y la experiencia, investigando los distintos sabores incluidos en la pieza como lo son el sabor a frutos secos y a dehesa, junto el sabor a bodega. En contra estarán: el primero de los negativos, la humedad y el segundo el sabor a rancio, que es el que sentenciaría a la pieza de inmediato.

Las catas de jamón de bellota son una experiencia para los sentidos y son totalmente aconsejables, ya que catalogan a los distintos sabores con un nombre propio.
Compartirlo con los demás se convierte en un ritual especial que hace que se comprenda y se valore desde el principio el proceso de elaboración y de lo grande que es el mundo del jamón.