Las semillas de chía tienen su origen en México, ya las consumían los aztecas y mayas dándoles el valor de superalimento. Son una fuente natural y mantiene un equilibrio perfecto en cuanto a ácidos grasos omega 3 y omega 6. Al igual que el jamón ibérico de bellota Castro y González estas semillas contienen proteínas, fibra dietética, antioxidantes además de hierro, calcio, potasio fosforo, magnesio y cinc.
Las semillas de chía tienen unas propiedades que nos proporcionan una hidratación prolongada ya que mantienen una buena relación con el agua (pueden absorber hasta doce veces su peso en agua), crean un gel que ayuda a aumentar los niveles de energía y mantienen por ejemplo, al deportista hidratado durante largos periodos de ejercicio.
Muy importante es que estas semillas se digieren de una manera más dilatada y más lentamente que otros carbohidratos, por lo que son beneficiosas para los diabéticos ya ayudan a regular los niveles de azúcar en sangre.
Se recomiendan también si se quiere perder peso, y es lógico, ya que al aumentar su volumen y la de los alimentos ingeridos a su vez, se satisface el hambre con menos cantidad de comida y durante más tiempo.
Como curiosidades, decir que provienen de una planta herbácea de la familia de la menta, la salvia hispánica que hoy día es consumida por millones de personas que quieren cuidar su salud. Es una planta resistente a las plagas por lo cual no necesita pesticidas para su crecimiento.
Se pueden comer crudas, empapadas en líquido, horneadas espolvoreadas, vamos, casi de cualquier manera. En estos últimos años, las semillas de chía han pasado de ser unas perfectas desconocidas a hacerse populares, por lo que son muy fáciles de encontrar. Es un alimento que no podemos dejar de probar por todo lo que nos ofrece y puede aportar a nuestra salud.