La manzanilla y el fino son unas bebidas con unas características apropiadas para acompañar a algún tipo de alimento, bien sea queso, jamón o cualquier tipo de embutido, aunque no está de más degustarlo durante todo el año como base de cualquier tipo de picoteo. Debido a su carácter fresco se hace muy versátil, ya que respeta el sabor de casi cualquier tapa. También son adecuados para acompañar a los distintos productos del mar como marisco y pescado. Pero es con el jamón donde existe un maridaje exclusivo, pocos se atreven a rechazar un buen jamón ibérico y/o de bellota como nuestros Castro y González . El vino es llevado a su altura, merecida compañía que hace que resalten las texturas y que se expandan de una manera exponencial las distintas sensaciones que provocan.

Este tipo de maridaje lleva muchos años experimentándose en talleres y seminarios de la mano de expertos sumilleres, cocineros y profesionales del sector, los cuales han ido analizando el comportamiento de las papilas gustativas y abordando la satisfacción sensorial en búsqueda del placer. Tanto el fino como la manzanilla se crecen con el jamón dando lo mejor de sí mismos, uniéndose y complementando un nuevo sabor,  envolviendo con su calor (debido a su alta graduación alcohólica) a la grasa, reina del aroma. Una fusión amplia, larga y con un largo recuerdo en su final en boca.

Resaltar que hay que servir este vino muy frío, incluso apoyar con una cubitera para poder mantener una temperatura entre 6 y 8 grados. Las lonchas de jamón ibérico deben ser cortadas en su justa medida y grosor, favoreciendo de esta manera las características organolépticas del mismo, gracias a la saliva y la temperatura en boca.