De todos es sabido que el jamón es un producto tradicional, pero la trayectoria gastronómica y el origen de este manjar viene ya de la época romana. La prueba de que los romanos ya valoraban este producto de nuestra península es que los emperadores Augusto y Agripa acuñaban monedas con la forma del jamón. Se encontró un jamón fosilizado de unos dos mil años en la antigua Tarraco, hoy Tarragona, lo que sitúa una fecha concreta de la elaboración en España.

En un principio eran los esclavos los que se dedicaban a la cría y matanza, pero más tarde serian los cocineros con más experiencia los que se especializarían en su elaboración, eran los llamados “vicarius supra cenas”

El jamón solo lo consumían las clases sociales más altas, solo los ricos podían optar a este alimento. La elaboración del jamón estuvo presente en Roma durante siglos y así lo demuestran los distintos escritos de la época. Los procesos que se utilizaban entonces son los mismos que seguimos utilizando hoy día. Más tarde, ya en la época visigoda y después en la edad media, los monasterios fueron los que mantuvieron la gastronomía en general, la cual contenía la elaboración del jamón ya que los monjes solían criar cerdos y en sus alacenas siempre había comida para sí mismos y para los viajantes. Poco a poco los pueblos fueron haciendo suya esta elaboración y la cría del cerdo fue extendiéndose, aunque de una manera más comedida.

La matanza comenzó a formar parte de nuestra historia directa y así se reflejó en los distintos libros de cocina que cuentan, allí por el S.XV los hábitos y costumbres de alimentación de cada tipo de sociedad.

El jamón ha sido y sigue siendo uno de los elementos representativos de nuestra cultura y esto quizá se deba a que del cerdo se aprovecha absolutamente todo.