El jamón ibérico es único en el mundo y esto es debido a que su procedencia está basada en una raza ibérica milenaria.

Toda la información que conocemos nos lleva a referirnos a este manjar como uno de los mejores referentes de la gastronomía española en todo el mundo. El jamón ibérico se distingue del resto en que tiene una producción propia y una manera de elaboración exclusiva, esto hace que esté delimitado a ciertas zonas de la península ibérica.

Su aroma, textura y sabor es muy característico y delicado, lo que hace que se distinga del resto de los jamones, ya su morfología marca la diferencia. Su pata fina, larga y su pezuña oscura tienen su por qué, éste estilizado y perfilado aspecto encierra tras de sí unos procesos de elaboración meticulosos, desde la crianza del animal hasta la curación del pernil, y desde un principio la alimentación marcará la diferencia.

Las características propias de este delicado producto lo convierten en inimitable ya que está basado en procesos naturales. Las dehesas donde pastan los animales en total libertad teniendo como alimento la bellota y los pastos naturales les confieren esa nota diferenciadora.

A principios del 2014 entra en vigor una nueva Norma de Calidad cuyo fin es organizar, esclarecer y resumir la información que se ofrece al consumidor con la cual se trata de comunicar qué tipo de jamón es el que se está comprando y los datos e información general de su cría y elaboración.

Cuando todo esto es asumido por el comprador solo queda una cosa, disfrutarlo. Bien sea por su sabor o por sus propiedades nutricionales, este producto delicatessen hace que cada año aumente la exportación y es que el consumo de estos inimitables jamones ibéricos legendarios está expandiéndose por todo el mundo.