Estamos inmersos en plena fiebre del running, cada vez sale a correr más gente y cada vez se comenta más la cantidad de beneficios que esto supone, cómo mejora tu vida, cómo engancha, que si la felicidad y las endorfinas.
Pero no todos somos iguales, hay quien sale a correr y su cuerpo no le responde porque hace mucho que no practica ningún deporte, o sí le responde porque hace mucha bicicleta… pero se aburre.
Entonces aparece la alternativa: caminar (caminar a paso ligero se entiende, con un poco de dinámica, con energía). Distintos estudios demuestran que al reducir la velocidad se reduce el impacto y el riesgo a sufrir alguna lesión. Para los novatos y personas sedentarias es ideal y más si se sale acompañado, ya que se puede hablar sin estar pendiente del pulsómetro, ritmo, series, etc. También si se tiene alguna antigua lesión o sobrepeso, problemas en las rodillas o espalda.
Es cierto que se queman menos calorías por minuto, pero la solución es andar un poco más de tiempo y en contra de la concentración que supone correr se puede disfrutar más de lo que te rodea y/o de una agradable conversación.
Correr reduce el riesgo de hipertensión en un 4,2%, caminar en un 7,2%. Si se tienen problemas con el colesterol, corriendo se reducen en un 4.3% y caminando un 7%.
Caminar no tiene edad, es fácil, y es la puerta a otros deportes. Incluso hay quien se anima a correr finalmente, pero ya con los tendones, articulaciones y músculos tonificados y mejor preparados para este fin .
Dos cosas más: La primera es que hagas lo que hagas, hay que elegir bien el calzado, cada firme requiere el suyo, bien sea playa, asfalto, tierra o montaña.
Y segundo, tener en cuenta que cualquier actividad física resulta mucho más beneficiosa, agradecida con nuestro cuerpo y positiva para nuestra mente, que quedarse pegado en el sofá viendo la tele o anclado a internet. Hay tiempo para todo.